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AJUSTAR LAS VELAS

  • Writer: fabroparatijoven
    fabroparatijoven
  • Jan 11
  • 4 min read

Ante el pesimismo que el contexto país nos trae cada año, en los últimos tiempos, en donde solo nos revelan optimismo en los grandes indicadores económicos: disminuyó el riesgo país, porque se ha pagado los intereses de la deuda, creció la economía en apenas el 1,5%, bajó la pobreza extrema, y esto sí que es bueno, pero no es por nuestra preocupación por los pobres, sino por las presiones internacionales y los grandes objetivos del Desarrollo Sostenible, que marca las Naciones Unidas, entre otros. No dice ni hacen propaganda de un presupuesto ya aprobado de 35 mil millones de usd, apenas 2,5 mil quinientos es para la inversión en el país, no llega ni al 10%. Eso significa que no habrá mucha obra pública o poquísima. En salud, educación y los jubilados seguirán con pésimos servicios.

 

En el contexto ecuatoriano ¿es posible la esperanza y la solidaridad? Joven, tú vales oro, pero el oro de tu vida no se cotiza por títulos o doctorados, esto son apenas indicadores de esfuerzo intelectual. El oro que tú produces se cotiza en el mundo de las relaciones humanas ¿cómo tú te preocupas por la gente? ¿qué haces por sacar adelante a tu país? Por ser innovador y presentar soluciones creativas donde se revela no solo tu conocimiento sino tus actitudes, valores y liderazgo como capacidad de contagiar sentido.

 

Ante lo que estamos viviendo en el país, y por qué no decirlo en muchas partes del mundo no es fácil no solo ser optimista que es lo accidental, sino ser hombre y mujer de esperanza que es lo esencial. Tener el coraje, el cariño, para buscar alternativas de vida digna, de contagiar humanidad para rescatar lo mejor de los seres humanos. Los vientos están en contra, la tormenta que vivimos es muy fuerte, ¿qué hacer? Aristóteles recomendaba AJUSTAR LAS VELAS, es lo que hacen los expertos navegantes en medio de sus tormentas.

 

Debemos ponernos de acuerdo en qué debemos ajustar las velas, según las prioridades del todo, que es mayor que las partes y no al revés. Es necesario aclarar entonces, que es en el mundo de lo micro, de las pequeñas relaciones y decisiones que construimos los grandes proyectos que buscan la unidad ante el conflicto. No habrá ningún proyecto país que forje un futuro mejor para todos si no cuidamos en el mundo de lo micro un corazón sano y no herido ni resentido. Un corazón que sepa tener claro el horizonte de los sueños que hacen del hombre y la mujer una gran persona. Partiendo del corazón sano se construyen proyectos de vida sana como es la familia, quien se une no para aportar hijos a la sociedad sino estilos de vida que nos hagan humanos y felices. Aclarar las preguntas esenciales de la vida dará pautas para consolidar lo micro social, micro humano: ¿qué quiero hacer con mi vida? ¿qué es lo que da sentido a mi vida? ¿cuál será mi aporte al país, al mundo, no solo a mi familia y los míos?

 

Luego, vendrá el mundo de lo macro, cuando hayas consolidado en lo micro, en lo oculto, lo cotidiano y pequeño aquello que me hace soñar, que me levanta de la cama, que me hace estudiar, que me hace trabajar, salir de la zona de confort o de la mediocridad y buscar la excelencia. Estoy apto para pensar en los grandes proyectos y hoy, desde mi punto de vista hay dos grandes proyectos que necesitamos construir juntos en el Ecuador, y no solo quienes se dicen buenos y tienen el poder, ni en quienes se creen malos y están lejos del poder. Sino entre todos, pues todos habitamos este país y todos debemos sacarlo adelante. Como decía el gran pedagogo Paulo Freire, “nadie se salva solo, nadie salva a nadie. Todos nos salvamos”.

Y en nuestro país, no tenemos un proyecto nación que valorice lo que somos y que señala el pasado como un saber manejar el tiempo, saberlo vivir en especial. Como nos enseñaba hace años San Agustín:

«¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Si quiero explicarlo, no lo sé». El pasado como lo que ya no es, el futuro como lo que aún no es y el presente como el momento fugaz entre el pasado y el futuro solo existen en nuestra percepción; para Dios, todo es simultáneo (una eternidad presente). En la tradición agustiniana se recomienda sanar las heridas del pasado mediante el perdón, vivir intensamente el presente mediante las buenas obras y el amor, y confiar serenamente el futuro a Dios.

 

Manejar el tiempo es lo que no hemos aprendido ni se enseña en el mundo de hoy, sino aprovechar el tiempo, explotar el tiempo y terminamos cansados y agobiados. Manejar el tiempo es saber disfrutar de las cosas esenciales en la vida, darles su prioridad y saber distinguir lo accidental; priorizar lo importante. Y lo importante es saber vivir bien y juntos en nuestro país, fomentando la democracia, la ecología, en el mundo eclesial la sinodalidad –lo común-. No podemos perder la gran herencia de la modernidad: la racionalidad, la libertad y la esperanza en un mundo mejor. Pero sin la incorporación de lo postmoderno no será real: el relato, la cotidianidad, los sentimientos, la belleza. Es la vida lo que importa.

 

Las reflexiones de san Agustín sobre el cambio de año no solo giran en torno al tiempo: «Nos hiciste para Ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti» (Conf. I, 1). Esta famosa cita al comienzo de las «Confesiones» expresa el anhelo fundamental del ser humano, que solo encuentra su plenitud en Dios («solo Dios basta», se atribuye también en este sentido a santa Teresa). Así, el cambio de año es también una ocasión para examinar la propia «inquietud del corazón» en estos tiempos por lo demás turbulentos y reorientarlo hacia lo esencial. Para ello es necesario superar una y otra vez el egocentrismo, el amor propio enfermizo.

 

AJUSTEMOS LAS VELAS, ESTAMOS A TIEMPO.

POR:

P. Fabricio Alaña E, SJ

 

PARA PENSAR:

¿CÓMO SON NUESTROS TIEMPOS?

Caóticos, del caos que en griego es orden.

¿CÓMO SALIR DEL CAOS?

Con fe y razón, esperanza y realidades.

¿CÓMO FOMENTAR LA ESPERANZA

Aprendiendo a vivir el tiempo.

 

 
 
 

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