top of page

¿DE UNA SOCIEDAD CÍNICA A UNA SOCIEDAD AUTÉNTICA?

  • Writer: fabroparatijoven
    fabroparatijoven
  • Apr 12
  • 4 min read

El gran desafío que tenemos los educadores, los padres de familia, los políticos, los empresarios es tener claro el ¿PARA QUÉ EDUCAMOS? Y en especial ¿PARA QUÉ TIPO DE SOCIEDAD? Que deseemos construir, vivir, contagiar. Allí la historia mundial y la realidad ecuatoriana en particular no nos ponemos de acuerdo.

 

Muchos tienen claro los fines de la educación: Cultural, el transmitir los valores y principios de un grupo. Social, el saber convivir y cuidar sus necesidades de desarrollo. Económico, el trabajar, la producción, las riquezas; y Humano el crecimiento de las personas, familia y sociedad. Lo cierto es que los intereses o la intencionalidad no es el mismo y los objetivos no son holísticos ni integrales, prima el uno sobre el otro.  Y en la sociedad actual del occidente se privilegia lo individual, lo tecnológico y el bienestar económico y personal por sobre todo.

 

¿Qué caracteriza la sociedad actual entonces? La cantidad y la rapidez de la información que circula por todo el mundo. La circulación de las personas de unos países a otros. Y el terror de la violencia en todas sus formas. Ha producido una mezcla y fusión de culturas que enriquecen o degradan personas, el buscarse la vida para sobrevivir a como sea, lo que trae una relativización de los valores. Ante estas realidades ¿qué ofrecemos a los jóvenes que educamos para que sean mejores, para que vivan con dignidad no meramente luchen por sobrevivir?

 

Queremos lo mejor, pero aceptamos lo peor en el día a día, en la componenda, en las relaciones de poder, lo importante es mi interés o el de mi grupo, mi objetivo y no otro, mi bienestar y descartar al que molesta o incomoda.

 

Nos dice Santiago Basabe en su artículo del periódico digital “Primicias” (06-04-26): La obscenidad en su más alto grado nos gobierna en lo público y en lo privado, sin profundas distinciones. El funcionario público va en la misma línea de desfachatez y cinismo. Dice que lo que ha hecho ha sido en bien del país y sus ciudadanos. Jueces y fiscales aportan con lo suyo. Juzgan con el pavor que conlleva el grito del patrón que está del otro lado y que les ha garantizado el espacio de trabajo. Pero en la vida privada las cosas tampoco van por buen camino. Ahí está el profesional que sin ningún tipo de escrúpulo engaña al cliente. El estudiante que recurre acríticamente a la inteligencia artificial y luego intenta asumir burdamente la autoría de sus tareas. El analista que presume conocimientos que le resultan ajenos pero que a cambio de una lisonja del poder se las juega y pone la cara sin ningún reparo ante el micrófono irresponsable que se presta para ello. En fin, prácticas que se consideran dignas de tacha ahora son relativizadas, cuando no abiertamente defendidas y ensalzadas”.

Nadie que se pare delante de 30 o 40 chicos para hacer un proceso de aprendizaje puede hacerlo si no lo mueve el cambiar esta realidad, la esperanza de mejorar. Nadie trae al mundo una nueva creatura por mero azar o casualidad. Aunque muchas veces no son asumidos por dejarse llevar del miedo o mediocridad. Nuestra vida cotidiana en medio de estos claros oscuros no solo aspira, sino que destella chispas de esperanza.

 

No todo está perdido. Cuando secamos alguna lágrima y contagiamos alegría. Cuando queremos construir juntos un presente y un futuro para todos. Cuando anteponemos el perdón a la venganza. Cuando encendemos una vela. Y las velas no solo las encendemos cuando las pésimas planificaciones del Ministerio de Energía y las pésimas negociaciones del Estado no han dado solución sostenible ni innovadoras a los problemas de nuestra matriz productiva. Cuando se enciende la vela de fe y en especial el cirio pascual para los creyentes en aquel que vino al mundo de tinieblas para ofrecernos la luz de la verdad, de la bondad y la justicia esta es una causa que sigue adelante que no hay piedra que pueda impedirla salir y que desde el inicio de la revolución espiritual que inauguró el movimiento de hombres y mujeres que creyó en él cuando experimento que su muerte injusta ayuda a vivir una vida justa. Hay esperanza que el ser humano sea otra cosa y que el acto de educar es maravilloso cuando se despiertas sueños, se rompen tumbas y surge la vida auténtica.

 

Una sociedad auténtica es posible cuando te planteas las preguntas adecuadas: ¿dónde moras realmente: en la falsa ilusión de un mundo a tu medida o en la entrañable necesidad de aprender a reconocer que todos somos humanos y en lo esencial iguales? Las grandes preguntas de la humanidad no han sido contestadas ¿qué es el ser humano? ¿qué es el mundo? Y ¿quién es Dios? Tomarse en serio a Dios fue la gran tarea de Jesús de Nazaret y por eso lo mataron, su libertad, su compasión, su sensibilidad por el pobre, el enfermo, la mujer y el niño trastornó los valores que se habían impuesto en la sociedad religiosa y política de su tiempo.

Hoy las sociedades más religiosas y políticas son cínicas, violentas. Por ello, educar es un acto de esperanza, porque educamos mayéuticamente, desde dentro para sacar lo mejor del ser humano que aún no se ha manifestado.

 

POR:

P. Fabricio Alaña E, Sj. Mgt.

 

PARA PENSAR:


¿POR QUÉ DECIMOS QUE NUESTRA SOCIEDAD ES CÍNICA?

Cambiamos lo mejor por lo peor, lo fácil, lo barato.

¿ES POSIBLE LA ESPERANZA DE UNA SOCIEDAD AUTENTICA?

Siempre que trabajes con sentido y aspires algo más, tienes esperanza.

¿CÓMO EDUCAR DESDE LA ESPERANZA?

Siendo auténticos y sacando lo mejor de los alumnos.

 
 
 

Comments


© 2018 Para ti Joven. Todos los derechos reservados.

bottom of page