EL HOMBRE Y MUJER ESPIRITUAL
- fabroparatijoven
- May 24
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Querido joven, sabes que la idea de estos artículos es que te ayuden a tener una visión del mundo y de tu lugar en él para mejorarlo, embellecerlo. Por ello, hoy te invito a pesar ¿qué es lo que te hace grande, digno, un joven con valores? Y la respuesta estará en la comprensión de qué es el ser humano. No hablaremos desde la ciencia, cuyas comprensiones se explican solo desde la objetividad y desde la manipulación de las técnicas o métodos de comprensión. Hablaremos desde la filosofía, desde el don de la vida que nos fue dada como tarea para comprendernos y para que respondamos a los desafíos de los tiempos.
Cuando hablamos de valores estamos hablando de algo que une lo que eres con lo que haces, lo que piensas con lo que sientes, lo que te ven los demás en ti y lo que tu percibes de ti mismo. Los valores no se enseñan. Nadie te puede enseñar a que tú decidas ser justo, bueno, honesto, etc. Solo se contagian con el ejemplo, con los frutos de las decisiones que toman las personas.
El ser un hombre y mujer con valores es comprender que eres un ser espiritual. La espiritualidad es la vivencia de lo que tu espíritu humano te ayuda a conectar con el espíritu de tu pueblo, y para los que tenemos fe, con Dios. Somos seres espirituales porque no estamos hechos, ni nacemos hecho, nos vamos haciendo, vamos descubriendo quiénes somos en lo que queremos, valoramos, amamos, hacemos. De repente te das cuenta que en la vida hay cosas contradictorias quieres algo, lo tienes claro, pero haces otra cosa. Quieres ser gran persona gran hombre y mujer y estás enredado en las pequeñeces de la vida. Esa polaridad más que contradicción se resuelve, con el tiempo, pidiendo ayuda y en especial escuchando la voz profunda del espíritu, del tuyo y del de Dios. Para los creyentes eso es real, ya que Dios, creador nos hizo de barro, de materia, pero nos elevó a poder comunicarnos con él y poder fusionarnos, entrar en comunión con él, cuando soplo sobre el hombre y mujer de barro les dio ánimo, fuerza, creatividad, coraje, sueños, una misión en la vida: crezcan, multiplíquense, cuiden la casa común, no destruyan el jardín y sobre todo ámense.
Este 24 de mayo, de este año la Iglesia celebra la fiesta de Pentecostés. La fiesta de las tiendas o cosechas de la tradición judía. Es decir, la fiesta de recoger los frutos del esfuerzo, de la espera, del cuidado. Por ello, la Iglesia la unió con la Pascua, después de celebrar la fiesta del resucitado, del Viviente, celebramos la fuerza del Espíritu. El señor no solo venció a la muerte, sino que Ascendió, de donde vino, y nos volvió a dar una misión, soplando sobre sus discípulos llenos de miedo por la realidad de peligro y persecución que se vivía soplando sobre ellos, les dio su Espíritu. El Dios Creador no abandona, acompaña, anima nuestras luchas, pero en Jesús confía en nosotros, somos capaces de conectarnos con Dios. Somos capaces de algo grande, y en especial de manejar nuestras contradicciones para vivir en paz, armonía con dignidad y libertad.
Experimentar al Espíritu Santo, solo es posible en la comprensión de sus dones. El ser humano es capaz de recibirlo, pero el aprovecharlos y fructificarlo dependerá de su discernimiento, de su caer en la cuenta, de su ver más allá. Vamos a hablar de los dones del Espíritu Santo que te pueden ayudar a ser un gran hombre y mujer si te conectas con ellos.
El don de la sabiduría es la capacidad de ver la vida con una perspectiva más profunda, la inteligencia es entender las situaciones y saber aplicar lo aprendido, la ciencia es conocer cómo funcionan las cosas (no solo lo técnico, sino también la vida), el consejo es escuchar y saber dar guía en las decisiones, la fortaleza es esa fuerza interior para no rendirnos, el temor a Dios se transforma en un respeto profundo y confianza en que hay un bien mayor, y la piedad es esa ternura auténtica, una conexión sincera con los demás y con Dios.
Experimentar al Espíritu en mí no es algo abstracto, sino una fuerza viva que nos impulsa hoy. Por ejemplo, la sabiduría se traduce en saber elegir bien los caminos en la vida; la inteligencia, en saber comprender las situaciones complejas de hoy; la ciencia, en no tener miedo a la verdad que nos guía; el consejo, en buscar orientación en comunidad; la fortaleza, en seguir adelante pese a las dificultades; el temor a Dios, en poner confianza en un amor más grande; y la piedad, en vivir con una sensibilidad genuina.
El gran San Pablo expresaba así, cómo manejaba las polaridades de la vida y lo hacían mejor ser humano: Cuando soy débil, es cuando me siento fuerte. Surge en mí la fuerza del Espíritu (1Cor 12). Ser un hombre o mujer de espíritu es reconocerse como abierto a la vida, saber manejar la tensión de lo finito hacia lo pleno, una vida digna. Buena, bella y libre.
POR:
P. Fabricio Alaña E, SJ
PARA PENSAR
¿QUÉ ME DEFINE COMO SER HUMANO?
Mis valores y mis acciones.
¿QUÉ EXPRESAN LOS VALORES?
La belleza de las acciones de un ser espiritual.
¿QUÉ ES SER ESPIRITUAL?
Estar siempre abierto a lo grande desde las realidades pequeñas y concretas.





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