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LOS JÓVENES Y LA PLENITUD

  • Writer: fabroparatijoven
    fabroparatijoven
  • Mar 1
  • 4 min read

El gran desafío de todo joven es hacerse adulto. Para los varones, hacerse hombre, para las mujeres ser mujer. No entro en los temas de género que confunden y que no solemos ponernos de acuerdo. Lo cierto es que todos merecemos respeto y todos queremos crecer, vivir, amar, encontrar sentido. La esencia de lo humano no es la carencia, el límite, el fracaso. Lo esencial del ser humano es anhelar la plenitud, buscar oportunidades, desarrollar alternativas.

 

Las alternativas que hoy tienen los chicos, y hablo en especial de los jóvenes universitarios, no la encuentran con facilidad en los modelos de éxito social. Todos sabemos cómo el éxito de grandes famosos, futbolistas, cantantes, entre otros, nace de la carencia y llegan a la acumulación de bienes y vivencias que se esfuman cuando la fuman, y con una rapidez impresionante. Este modelo sirve para la diversión, el momento, la fuga del estrés y problemas. Mis alumnos la tienen claro, pero suelen asistir a sus conciertos y seguir alguna vez sus estereotipos. Siguen buscando algo más que llene su corazón, que interpele su mente, que eleve su espíritu. Y es ahí cuando la sociedad, los padres, los líderes de todo tipo, pero en especial los educadores tienen una gran oportunidad que aprovechar y mucho que ofrecer: señalar una plenitud de vida, un horizonte de sentido, un legado que manifieste un estilo trascendente, pleno.

 

Hace más de dos mil años, en un momento axial de la historia se reconoció el impacto que formó un hombre llamado Jesús de Nazaret. Este fue descubriendo su verdadera identidad cuando se ponía a pensar qué hacer en esta vida que manifieste algo grande, algo pleno, algo que se reconoció como divino.

 

Moisés en el Antiguo Testamento, fue un líder, un místico y hasta un político que guío, organizó y legisló a un pueblo. Este pueblo, Israel, en ese entonces, se acercaba y adoraba a ese Dios, que reconoció, como el Dios de la montaña, el Dios Creador, el Dios guerrero lo designaba según cubría sus necesidades. Así Moisés instauró la religión como camino a Dios, siempre y cuando se cumpla unas órdenes y mandamientos. Lo contario es castigo o lejanía. Buscar ese dios es subir a una montaña, experiencia de encuentro con lo alto, experimentar ese Dios es experimentar lo raro, lo fascinante y lo temeroso, si te acercas te mueres. Se baja de esa montaña con unas leyes, unas órdenes.

 

Jesús de Nazaret, en el Nuevo testamento fue descubriendo a ese Dios que los creó, pero no se quedaba en una adoración por reconocimiento de un poder o un favor, sino que fue descubriendo a ese Dios que inspira, anima e invita a caminar, a crecer, a cambiar porque señala un horizonte, porque contagia un fuego interior, una luz que debes descubrir en tu conciencia y en tu corazón, te llena porque te llama a mirar más allá, a abarcar un inmenso mar de sentido en tus sueños, proyectos luchas y anhelos. Un Dios inspirador mas que legislador.

 

En los momentos más importante de la vida del joven JESUS, fue aprendiendo a abrirse a la novedad de la vida y de la historia cuando debe tomar una decisión. Tres grandes decisiones configuraron su vida. Después de bautizarse y experimentar la grandeza de ser hijo (Mt 3), debe decidir si regresa a la tranquila aldea de Nazaret o si se aventura a la conflictiva ciudad capital de Jerusalén. Leyendo la historia de su pueblo, inspirándose en la manera cómo Dios forma a los grandes profetas, siempre hacia adelante, hacia arriba, desde abajo y desde adentro, decide seguir hacia adelante, dejando la tranquilidad del hogar y sumergiéndose en la incertidumbre de una sociedad que aún no se configura y que vive en conflictos e intereses. Dios no exige, invita es la gran enseñanza. El hombre Jesús aprende a ser libre no simplemente venciendo tentaciones y engaños, sino dejándose seducir por un ideal, por un sueño que lo invita a dar lo mejor de sí, esa es su misión: arriesgarse a escuchar a fondo, la vida, la historia y a Dios, dejarse interpelar por el otro y el gran Otro.

 

La segunda gran decisión está representada en el segundo domingo de cuaresma, en el monte Tabor, (Mt 17), cuando experimenta la belleza de la fe, como una transparencia y un anticipo de la plenitud de vida de ese Dios que lo descubrió como Padre, y que lo llama a que sea libre gozando de su dulzura, viendo el final de la historia que es la religión de la vida en su plenitud, por lo que debe tomar la gran decisión de todo hombre o mujer que desea crecer; ¿quedarse en el confort del “qué bien se está aquí”? O “levántense, bajemos a la batalla de la vida, no tengan miedo”. La fe no es un refugio sino un reto: amar al Dios invisible desde el corazón visible en los gestos y actividades de cada día, en coherencia con las obras que esperan los que más necesitan de testigos de la verdad, bondad y belleza.     

 

 La tercera gran decisión de Jesús fue en la oración de huerto de Getsemaní (Mt 26): “Padre, si es posible aparta de mi este cáliz…pero no se haga lo que yo quiera”. No es sumisión, no es resignación, sino es la opción de la libertad plena que solo tiene sentido cuando se hace con amor, asumiendo los riesgos, caminando a la plenitud que implica manejar los límites de la finitud.

 

POR:

P. Fabricio Alaña E, SJ

 

PARA PENSAR:

 

¿QUÉ ES LO HUMANO?

Aprender a tomar decisiones.

 

¿QUÉ ES LO DIVINO?

Inspirar a lo humano.

 

¿QUÉ ES LO CRISTIANDO?

Forjar el corazón humano desde la libertad de Jesús.

 

 
 
 

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