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¿POR QUÉ ME SORPRENDE IGNACIO DE LOYOLA?

  • Writer: fabroparatijoven
    fabroparatijoven
  • Jul 30
  • 5 min read

¿Por qué impacta tanto la vida de san Ignacio de Loyola desde el siglo XVI? Su figura nos sobrepasa y no solo tiene una respuesta institucional desde la congregación religiosa que él fundó en el siglo XVI, sino desde la vida de muchas personas que se han inspirado en sus enseñanzas. La propuesta de captar a Dios en Jesucristo, la libertad y conciencia humana como la clave de la comprensión de lo humano y de lo divino; el mundo como espacio de la unión del más allá con el más acá, donde se construye o destruye una vida. Da qué admirar y pensar.


¿Qué lo hizo grande? Asumir su historia. Ignacio de Loyola fue hombre de dos épocas, la del MEDIOEVO Y LA DEL MUNDO MODERNO, donde la palabra crisis ocupa el primer lugar en el diagnóstico no solo de la iglesia, sino de la sociedad ¿No pasa algo parecido entre nosotros hombres y mujeres del siglo XXI que estamos dejando la sociedad industrial y del conocimiento por la sociedad digital y de la incertidumbre?

 

Se derrumbaba una visión unitaria de Dios, de la vida, de la historia; por una plural, secular y liberal de la modernidad. Se revive la tensión entre fe y razón, entre el amor al ego y el amor solidario. Ignacio lo meditó en las dos banderas: ¿a quién seguir y por qué? ¿Al ego de alguna autoridad competente o a la entrega libre e incondicional de un ideal mayor? El sumo y verdadero capitán lo llamará Ignacio a la propuesta de humanidad de Jesús de Nazaret y a su proyecto del Reino de Dios. Ignacio descubrió todo esto en la segunda etapa de su vida, después del fracaso de Pamplona donde una bala de cañón destruyó sus primeros ideales. La vida continua, los fracasos serán aprendizajes, los proyectos se evaluan y reconstruyen, los indicadores cambian.


 Ignacio fue un hombre de su época, se enamoró, se apasionó de todo lo que le ofrecía: el honor, la fama, el poder. No solo porque su familia se lo transmitía, sino que se preparó para ello, ser “un caballero de la corte del rey”. Tuvo que unir virtud humana y cualidades literarias. Desarrollarse en el arte de la administración de lo público, del buen leer y escribir que le servía para comprender la realidad que vivía y los espacios a los cuales aspiraba. Pero, sin el desarrollo de sus cualidades humanas, lo que hoy llamamos en educación sus cualidades blandas: capacidad de comunicar mensajes, trabajar en equipo, liderazgo, manejar las emociones y entusiasmarse por ideales, ganar amigos entre otros no hubiera llegado hasta donde llegó: la corte del rey.


El fracaso de la batalla de Pamplona fue la oportunidad que tuvo para rearmar su vida. SU FORMACIÓN HUMANA continua, es permanente. Su naturaleza humana no lo predetermina, lo condiciona, pero su alma que busca algo grande, lo ayudará a seguir peregrinando, como su hermano mayor veía en él: “está para grandes cosas”. Su carácter le ayudará a vencerse a sí mismo y seguir buscando. Cuando gracias a la educación recibida de saber, “era buen lector y escribano”. Comenzará a leer lo único que puedo leer en su larga convalecencia, gracias a una mujer inteligente, su cuñada Magdalena, que le cambia los libros de caballería que habían trastornado su imaginación, por los de la Vida de Cristo y los Santos.


Comenzó la batalla espiritual: su corazón se sentía emocionado cuando pensaba e imaginaba que podría hacer cosas tan bellas, nobles como las que hacía San Francisco o Santo Domingo. Que la historia de Jesús que ahora comenzaba e entender no tan literal o fantasiosamente sino simbólicamente lo atraía a un servicio de una generosidad mayor para dar la vida y entregarse a una causa trascendente.


En su corazón esa diversidad de sentimientos y emociones cuando confrontaba lo leído con lo vivido lo invita a pensar y preguntarse ¿qué es esto? ¿hacia dónde lo estaba llevando el Señor de la vida verdadera? Una vez recuperado, siempre con la huella de las heridas, decide “salir”, no solo de su casa sino de su pasado, ideales antiguos por entender este nuevo género de vida y se dirige al Monasterio de Montserrat, donde en la conversación espiritual con un sacerdote y en el silencio y soledad logra escuchar a su corazón y reflexionando sobre lo que acontece en su vida se pregunta ¿qué quieres de mi Señor? ¿qué quieres que haga?


Y viene la experiencia fundante de MANRESA la oración, el examen, el diario, las preguntas y las conversaciones con un maestro del espíritu. Y lograr comprender que la vida solo tiene sentido si tenemos claro el fin, el a dónde voy y a qué. La respuesta será alabar y servir al -Señor su Dios, el Creador, Padre de Nuestro Señor Jesucristo que lo invita a contemplar las calles y playas donde pasaba Jesucristo, como los montes y caminos que recorría para predicar y contagiar que Dios es más grande que todo lo que puedo pensar, pero que es más íntimo que lo íntimo mío, y que soy capaz de conocerlo, amarlo y seguirlo.


La vida de Ignacio pasará del dar el catecismo a los niños, limpiar a los enfermos en hospitales, enseñar oración a un grupo de señoras de la localidad de Barcelona, al ponerse a estudiar. Va a las universidades de Alcalá y Salamanca. No lograba concentrarse por su tendencia a mostrar el amor de Dios en lo concreto en el servicio a los pobres. Comprendió que la mejor formar de alabar y servir a Dios fue ser de veras estudiante y lograr un título universitario en la mejor universidad del mundo en aquel entonces, París.


La sorpresa de Ignacio no fue solo que consiguió el título de Maestro en Arte por la universidad de París, sino que encontró la amistad de “amigos en el Señor” de otros nueve compañeros que no se contentaban con la fama de las letras sino que querían desarrollar lo mejor de las virtudes humanas: la libertad liberada para amar y servir. Ese grupo seguirá casi seis años más hasta encontrar una forma sostenible de esa amistad que siga dando los frutos de la Gloria de Dios y el bienestar del hombre: La Compañía de Jesús. Roma será el destino final de Ignacio y la puerta al ancho mundo de los demás compañeros para amar y servir en todo (EE 233).


La gran enseñanza de Ignacio: su capacidad de síntesis, que no es mera unión de contrarios, ni superación dialéctica de adversidades, sino el saber sobrellavar las tensiones que nos encontramos en las cosas pequeñas de cada día, saber conjugar eficacia y gratuidad, esfuerzo y superación personal, racionalidad y talante contemplativo, hacia síntesis mayores: vivir el evangelio de Jesucristo en la sociedad actual, contemplar al Dios mayor en la cotidianidad de la vida en todas las cosas.


Por:

P. Fabricio Alaña SJ


Para Pensar:


1- Por qué sorprende la vida de Ignacio ?

Por su capacidad de recrearse antes las heridas.


2- Cuáles son las heridas que duelen?

El orgullo y la pusilanimidad.


3- Cuál fue la gran enseñanza de Ignacio?

Su capacidad de síntesis vitales.

 
 
 

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