UNA PAZ DESARMADA Y DESARMANTE (León XIV)
- fabroparatijoven
- Feb 1
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En la jornada mundial por la paz; el Papa León XIV pronunció su discurso “Hacia una paz desarmada y desarmante”. Este llamado refleja que la verdadera paz no solo es ausencia de violencia, sino un cambio profundo y duradero que nace del amor incondicional de Dios. Se habla también de la necesidad de mantener la fe en la luz que vence la oscuridad y de perseverar en la construcción de un mundo nuevo a pesar de las dificultades actuales. Nos hace un llamado a vivir una paz que es desarmada, humilde y perseverante inspirada en la paz de Cristo resucitado. El Papa resalta el valor espiritual y ético de esa paz especial y nos Invita a un ejercicio constante y humilde para mantenerla.
En un mundo arrogante y prepotente en donde prima el uso del poder de las armas y de quién pone más recursos o de quien grita más, como se evidencia en los actuales seudolíderes o representes de las llamadas potencias mundiales, hablar de humildad suena irreal, llamar a la paz algo inútil sino me obedecen o se somete. León XIV os recuerda el estilo de Jesús de Nazaret que refleja el modo de ser y comunicarse del Dios Creador y Padre, que se preocupa de todo y por todos, pero su discreción, forma de habitar entre nosotros más que reflexión requiere fe, audacia y libertad. Solo los libres reconocen el valor de la humildad como verdad.
“¡La paz esté con ustedes!”. “Desde la tarde de mi elección como Obispo de Roma he querido incorporar mi saludo en este anuncio coral. Y deseo reafirmarlo: Esta es la paz de Cristo Resucitado, una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente”.
El contraste entre las tinieblas y la luz, en efecto, no es solo una imagen bíblica para describir el parto del que está naciendo un mundo nuevo, es una experiencia que nos atraviesa y nos sorprende según las pruebas que encontramos, en las circunstancias históricas en las que nos toca vivir. Ahora bien, ver la luz y creer en ella es necesario para no hundirse en la oscuridad. Se trata de una exigencia que los discípulos de Jesús están llamados a vivir de modo único y privilegiado, pero que, por muchos caminos, sabe abrirse paso en el corazón de cada ser humano.
La paz existe, quiere habitar entre nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”. En este horizonte nos ha introducido el Resucitado. Con este pensamiento viven los que trabajan por la paz que, en el drama de lo que el Papa Francisco ha definido como una “tercera guerra mundial a pedazos”, siguen resistiendo a la contaminación de las tinieblas, como centinelas de la noche.
Lo contrario es olvidar la luz, es posible; entonces, se ´pierde el realismo, cediendo a una representación parcial y distorsionada del mundo, bajo el signo de las tinieblas y del miedo. Hoy no son pocos los que llaman realistas a las narraciones carentes de esperanza, ciegas ante la belleza de los demás, que olvidan la gracia de Dios, que trabaja siempre en los corazones humanos, aunque estén heridos por el pecado. San Agustín exhortaba a los cristianos a entablar una amistad indisoluble con la paz, para que custodiándola en lo más íntimo de su espíritu, pudieran irradiar en torno a sí su luminoso calor. Dirigiéndose a la comunidad, escribía así: “Tened la paz, hermanos. Si quieres atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en vosotros lo que poseéis para encenderla a los demás”.
Ya sea que tengamos el don de la fe, o que nos parezca que no la tenemos, ¡Abrámonos a la paz! Acojámosla y reconozcámosla, en vez de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. Aunque sea combatida dentro y fuera de nosotros como una pequeña llama amenazada por la tormenta, cuidémosla sin olvidar los nombres y las historias de quienes nos han dado testimonio de ella. Es un principio que guía y determina nuestras decisiones. Incluso en los lugares donde solo quedan escombros y donde la desesperación parece inevitable, hoy encontramos a quienes no han olvidado la paz. Así como en la tarde de Pascua Jesús entró en el lugar donde se encontraban los discípulos, atemorizados y desanimados, de la misma manera la paz de Cristo resucitado sigue atravesando puertas y barreras con las voces y los rostros de sus testigos. Es el don que permite que no olvidemos el bien, reconocerlo vencedor, elegirlo de nuevo juntos”.
Hasta aquí hemos transcrito el inicio del discurso sobre la paz del Papa León XIV, donde nos pone claro en qué consiste, acoger la luz y la esperanza sobre las tinieblas y las enormes desesperaciones que viven muchos pueblos y culturas. Nuestra perspectiva es reconocer la presencia de Cristo Resucitado, como factor desencadenante de la paz. Y desde Cristo la paz es desarmada y desarmante. Eso explicaremos en el siguiente Para Ti Joven.
POR:
P. Fabricio Alaña E, SJ
PARA PENSAR:
¿QUÉ ES LA PAZ PARA LEON XIV?
La presencia de la luz de Cristo sobre las tinieblas.
¿CÓMO RECONOCER LA PAZ?
Desde la experiencia espiritual de sentirme amado y acompañado, hasta la búsqueda de lo que nos ayuda a vivir y caminar a todos.
¿CÓMO CONQUISTAR LA PAZ?
Desde la experiencia espiritual de una armonía interior hacia una paz social.





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